No sé ustedes, pero desde que tengo memoria he escuchado que estamos en crisis. Nací en un año muy polémico, ocho semanas después del inolvidable 2 de octubre en Tlatelolco; acontecimiento al que por cierto asistí en la barriga de mi madre según su propio testimonio. Pasaron los setentas de la abundancia, llegaron los ochentas y el primer recuerdo que tengo de un presidente mexicano es el de López Portillo diciendo en su último informe que defendería el peso como un perro. Los que siguieron sólo fueron peores que su antecesor y la palabra “crisis” se volvió algo tan común que le perdimos el respeto y el miedo, al menos mi generación porque teníamos que seguir adelante ¿qué no? Llegamos a 2017 y pareciera que Murphy y su mentada Ley lo hubieran planeado: agárrense porque la cosa se va a poner peor.

Hoy en México es muy difícil ser optimista, más aún con el güerito del norte vociferando y el paisano del copete naufragando. Sin embargo, hace unos días, pensando en todo esto, hice un recuento de mi vida y caí en la cuenta de que a pesar tantos factores en contra, millones de personas hemos logrado un montón de cosas, llegado a muchas de nuestras metas, realizado varios de nuestros sueños y sobrevivido a todos los tsunamis políticos, sociales y financieros de los jefes en turno. Aquí seguimos y eso llamó mi atención, ¿cómo es que esto pasaba?, ¿qué es lo que nos mantiene de pie y avanzando? Bueno, aprovecho este espacio para compartir lo que a mí me ha ayudado y de paso echarte porras en este tormentoso inicio de año.

El que con lobos anda…

Todo empieza en la familia y por favor no me vengan con visiones tradicionalistas, la familia es el grupo de personas que te ama, te ayuda y te forma durante toda tu vida, con parentesco sanguíneo o legal o sin él. Mis padres se separaron cuando yo era un niño todavía, así que además de mi madre y su indomable espíritu revolucionario, a lo largo de mi vida he recibido el cariño, las enseñanzas y la inspiración de mi hermana, de otros parientes, amigos, profesores, condiscípulos, colegas, hijos, esposa, cuñados, socios, colaboradores, alumnos, coaches e infinidad de autores y sus libros. En otras palabras, mi familia es mi manada, y entre todos nos protegemos, cuidamos y apoyamos.

De qué lado masca la iguana…

Me costó muchos corajes, dinero y algo de tiempo, pero llegó un punto en el que empecé a entender cómo funciona el sistema de vida en el que estamos, al menos en México. Es como un gran juego en el que se desarrollan varias partidas al mismo tiempo: política, educación, economía, religión, medios de comunicación, bancos, el fisco, empresa y muchas otras que lo hacen algo complejo y confuso pero que tienes que comprender para aprender a jugarlo, a veces ganarás y otras no, pero la idea es sufrir menos y disfrutar el trayecto.

El síndrome del Chapulín Colorado…

Además del fútbol, quejarse es otro de los deportes favoritos en nuestro país, nos encanta echarles la culpa a otros de nuestros problemas y en el fondo esperamos que alguien venga a rescatarnos de nuestra desgracia; pienso que por eso tanta gente es muy religiosa, las telenovelas son un éxito de audiencia y se venden tantos billetes de lotería. Sobra decir que esto no va a ocurrir y que, por el contrario, cada uno debe activarse, ponerse creativo, tomar sus propias decisiones y hacerse responsable de sus problemas. Olvídate de los príncipes azules, tus papás, los Vengadores, el gobierno, tus padrinos o la justicia divina, sólo tú puedes rescatarte a ti mismo.

El estatus no te da de comer…

Después de dos carreras universitarias, algunos proyectos famosos, varios años de profesor y de presidente de un colegio de profesionistas, mi ego estaba un poco elevado. Me di cuenta de ello cuando, en los meses iniciales de operación de mi empresa té27, sentía vergüenza al realizar algunas actividades, como recorrer la ciudad y con hielera en mano hacer las entregas de mis productos. Luché con ello y lo vencí porque el estatus no le da de comer a mi familia ni paga las cuentas, decidí guardar mi curriculum y dedicarme de lleno a construir una empresa exitosa y ser un emprendedor desinhibido y arriesgado.

La ignorancia no es un derecho…

Esta frase me la enseñó un ajustador de seguros cuando, después de un error garrafal de mi parte, le respondí “es que yo no sabía”. Desde entonces me quedó claro que hay que leer las letras chiquitas, grandotas y medianas, luego me apliqué a mantener una actitud de aprendizaje constante en todos los aspectos de la vida a través de libros, cursos, talleres, charlas, revistas, podcast y blogs. Ser ignorante en algún tema no está mal mientras sea temporal y una vez que lo entendí (a la mala) ya no me doy el lujo de “no saber”.

Las odiosas comparaciones…

Mi hijo estudió muchos años en una escuela Montessori y la directora siempre empezaba sus juntas diciendo que este modelo educativo era para cualquier niño, pero no para todas las familias porque la escuela se adapta a la personalidad y tiempos de cada alumno. Al principio, esto nos causaba conflicto a los papás porque estamos acostumbrados a la estandarización y a evaluarnos con respecto a los demás, pero la realidad es que cada uno de nosotros es diferente y único, no mejor o peor, sólo diferente. Es liberador y muy retador tomar conciencia de esto porque dejas de compararte con los demás y a medir tu competitividad con base a tu potencial, o sea, a competir contra ti mismo y tus posibilidades.

Trabaja, ahorra e invierte.

Los veteranos como yo recordarán esta frase de la campaña publicitaria de un banco del norte del país. A mí me marcó y me ayudó a empezar a entender que tenía que ordenar mis finanzas personales si no quería meterme en serios problemas. Comencé a leer libros sobre el tema y a hacerle caso a mi contador; desde entonces las cosas no están tan mal, siempre pueden mejorar, pero al menos ya no estoy en este círculo vicioso de autodestrucción financiera. ¿Mi mejor consejo?, lean “El hombre más rico de Babilonia”.

No sé cómo va a estar este año, pero empieza por aceptar esto: además del cambio, la otra constante es el caos, en su significado original (lo impredecible) y el evolucionado (el desorden). Por mi parte, haré lo mismo que hace 48 años, este el tiempo que me tocó vivir y lo haré lo mejor que pueda. Para terminar, completo la frase del inicio que espero te sirva, como a mí, de mantra personal: “En este mundo lleno de caos…, vivir en armonía es el reto”.

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Diseñador, aprendiz de emprendedor, caricaturista en formación, papá de tres maravillosas personas, esposo de una mujer extraordinaria, amante de los árboles, Iniciador de hueso colorado y un apasionado de la innovación. Aspira a que sus vivencias y opiniones ayuden a otros como él andan en el camino emprendedor buscando un estilo de vida que los haga felices, transcendentes y millonarios.