Uno que me haga millonario rápidamente, en el que no tenga que vender nada y que le dedique dos horas diarias cuando mucho (y de lunes a jueves), con horario libre y sin jefes, que la inversión sea mínima o de preferencia nula, que crezca y expanda solito y me garantice ingresos constantes para retirarme y no volver a trabajar nunca más…, ¿se te antoja?, a mí también.

Esta idea surgió hace unas semanas cuando un muy querido amigo me platicó que había entrado a un negocio multinivel y que era tan bueno que incluso estaba pensando en dejar su empleo actual para dedicarse de lleno a él. Bueno, ¿qué les puedo decir?, dejé de prestar atención después de las sílabas “mul-ti…” y me cayeron de sopetón los cuatro años que mi esposa y yo estuvimos en un negocio igual, uno que empieza con “A” y termina con “y”. Cuándo le pedí que me explicara las razones, la pesadilla continuó porque fueron las mismas que yo decía ¡hace 25 años!, o sea, “el producto es buenísimo, único”, “no se trata de vender”, “la inversión es mínima”, “puedes ganar miles de pesos en pocos meses”, “tú manejas tu horario”, “lo haces en tu tiempo libre”, “no tienes que comprar si no quieres” y -la mejor de todas- “esto si me dará libertad financiera”. Me dejó mudo.

No tengo nada en contra de las empresas que manejan este modelo de negocio, todas son buenas (más o menos) y es válido que hayan elegido este formato porque tiene muchas ventajas (principalmente para ellas) y le ofrece a la gente lo que quiere (ilusiones). Mi problema es lo que en mis tiempos llamaban “el sistema”, que nada tiene que ver con la empresa que fabrica y distribuye los productos, sino con la creación de las redes de mercadeo, o sea, con las personas que invitan a personas que invitan a otras personas y que invitan a más personas. Para que esta dinámica social-comercial funcione se requiere de una serie de herramientas que buscan básicamente dos cosas: motivación y disciplina. Ambas excelentes, para estos negocios y para cualquier cosa en la vida, lo preocupante es que las usan para inyectarle a los prospectos y socios nuevos un sentido de urgencia tremendo que los hace creer que realmente pueden y necesitan ganar millones en pocos meses. Para los que nunca han tenido una empresa es muy fácil creer esto (yo lo hice hace 25 años), pero actualmente y, después de acumular experiencias buenas y malas como emprendedor, puedo decir que todo lo que prometen los multiniveles es engañoso, muy deseable, requeté fascinante, pero, casi imposible. Las probabilidades de éxito son prácticamente las mismas que en cualquier otro modelo comercial (alrededor del 5%).

Para mí, esto fue muy duro de aceptar, por la desilusión y todas las personas a las que invité. Lo incómodo son los argumentos que manejan (manejábamos) para convencer a la gente porque van en contra de lo que realmente sucede en una empresa exitosa. Por supuesto que puedes lograr todo lo que te prometen, pero no tan rápido ni fácil, necesitas dedicarle mucho tiempo, paciencia, disciplina y perseverancia. Esto es un maratón no los 100 metros libres. Pero antes de eso te lo advierto de nuevo: no hagas nunca negocio alguno sólo por dinero, por más atractivo que sea el plan financiero que te presenten. Antes de eso debes saber qué quieres de la vida y sincronizarlo con la empresa que te gustaría tener; poner toda tu pasión, amor, entusiasmo y que la ilusión de tu sueño te llene de energía cada día porque tendrás que hacer muchas cosas que quizá no te agraden, como vender, por ejemplo. La capacitación es crucial también, aprender a ser empresario no es algo de pocas semanas, requiere –otra vez- tiempo y dedicación. Para mí, lo más difícil ha sido la formación como líder, elegir correctamente a tus colaboradores y ser su maestro y mentor. En resumen, cualquier empresa, proyecto comercial o idea de negocio, sin importar su tamaño, modelo de ingresos, giro o ubicación requiere lo mismo para tener éxito. Cuando yo entré a aquel multinivel, lo hice ilusionado en ganar mucho dinero en poco tiempo y sin esforzarme, así me lo vendieron y me la creí completita. Hoy ya te puedo asegurar una cosa: los negocios milagro no existen.

¿Qué conseguí?, amigos y mucho aprendizaje, está lindo, pero no entré a eso, yo quería hacerme millonario en un año y no lo logré, sacrifiqué lo que realmente me gustaba por ese espejismo, creí que haciendo ese paréntesis podría, más adelante, hacer lo que realmente quería. ¿Perdí mi tiempo?, tal vez, porque no obtuve lo que quería, pero no también porque obtuve beneficios colaterales. Espero que a mi amigo le vaya bien y obtenga lo que busca, que sea parte de ese 5% exitoso y que logre lo que no pudimos ni mis “uplines” (los que me invitaron), ni mis “downlines” (los que yo invité) ni yo. Platicar con él me regresó a un momento clave en mi paso por el multinivel, cuando otro amigo (empresario y cliente de mi despacho de diseño en ese entonces) al que invité, al finalizar mi presentación me contestó: “Gus, gracias, pero no me interesa y más bien te quiero preguntar algo, ¿por qué no todas las ganas que le pones a esto se lo dedicas a tu negocio de diseño?, estoy seguro que te iría mucho mejor y además es lo tuyo ¿no?”.

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Diseñador, aprendiz de emprendedor, caricaturista en formación, papá de tres maravillosas personas, esposo de una mujer extraordinaria, amante de los árboles, Iniciador de hueso colorado y un apasionado de la innovación. Aspira a que sus vivencias y opiniones ayuden a otros como él andan en el camino emprendedor buscando un estilo de vida que los haga felices, transcendentes y millonarios.