Hace unas semanas me invitaron a dar una conferencia a un grupo de universitarios que estudian carreras relacionadas con el diseño de productos en las áreas de moda, plásticos y artes gráficas. La temática fue: “Generación de ideas y creatividad”. Pensaron en mí, supongo, porque llevo varios años en este camino del emprendimiento y por mi experiencia como diseñador y desarrollador de nuevos productos. Como siempre me pasa en estos casos, el que más aprendió fui yo porque, en primer lugar, me obligó a ordenar mis ideas (una vez más) con respecto a esto de la innovación, y, en segundo lugar, porque fue muy enriquecedor hacer un recuento de mis últimos siete años como emprendedor y aspirante a empresario.

El título que elegí para la conferencia fue “La belleza del caos y las buenas ideas” porque refleja muy bien la realidad del proceso creativo y ayuda a entenderlo mejor. Como lo describo en mi sitio web: “El diseño es un proceso presuntamente metodológico con una gran dosis de caos creativo, una combinación entre ciencia y arte donde la parte científica investiga, analiza, planea, y la parte artística experimenta, arriesga, juega, propone e innova. Todo esto con el objetivo de configurar interfaces efectivas entre las personas, su entorno y los objetos”. Me gusta mucho incluir la palabra “caos” en todo esto porque soy medio rebelde y no quiero ser o parecer un sabelotodo que tiene el control de las musas, la verdad es que encontrar o crear una buena idea es por lo general un proceso escurridizo, en ocasiones frustrante, pero emocionante y divertido, incomprendido porque creemos dominarlo, y aterrador si tienes fecha de entrega.

Por mucho poder que supongamos tener sobre la creatividad, los que llevamos tiempo en esto sabemos que las palabras que mejor la describen son: indefinida, confusa, desordenada, errática e impredecible, en resumen: caótica. Como bien dicen: “la primera regla de la creatividad es que no hay reglas”. Las ideas las generamos en el cerebro y por lo general, por más que lo intentemos o nos urja no llegan, pareciera que Don Cerebro es algo travieso y caprichoso, pero no, sólo hay que darle tiempo y espacio para que procese el pedido. Por ejemplo, varias de mis mejores ideas me han llegado en dos situaciones en particular: cuando estoy despertando y cuando voy manejando. Los momentos en que mi cerebro mezcla los sueños con la realidad están llenos de pensamientos únicos que le han dado solución a varios problemas que tuve en su momento. De igual manera, mientras manejo, entre semáforo y semáforo, mi mente, por increíble que suene, se relaja y empieza a unir los cabos sueltos de algo que tengo que resolver, fabricar o diseñar.

Otro momento muy interesante de la conferencia fue cuando hablamos de algunos mitos sobre las ideas. El primero, que están sobrevaloradas porque lo bueno es la ejecución, o sea, concuerdo completamente con el principio de que si lo puedes pensar lo puedes realizar, pero se necesita mucho trabajo, entre otras cosas. El segundo, que los golpes de suerte no existen, pareciera que sí, pero son más bien oportunidades que se nos presentan y que aprovechamos si estamos preparados. El tercero, que no inventemos el hilo negro, mejor unamos los cabos sueltos que andan por ahí disfrazados de problemas, frustraciones, quejas, bromas o absurdos. El cuarto, en equipo de preferencia y entre más heterogéneo mejor; admito que no es fácil, pero me ha tocado trabajar en grupos así con una gran armonía creativa de los que han salido ideas excepcionales. El quinto, enamorarse de la buena porque las ideas son como los hijos para su creador, las quieres a todas, buenas, malas y regulares, lo que causa que nos olvidemos de otra palabra mágica: rentabilidad, las ideas de negocio deben convertirse en empresas rentables, si no, hay que dejarlas ir. El sexto, debe ser tan buena que se venda sola, porque si lo logra tiene el potencial en convertirse en un producto muy exitoso. Y séptimo, que muy probablemente vayas bien si te dicen loco, soñador, idealista, revolucionario, necio, contreras, intolerante, rebelde y desobediente.

Casi al final tocamos el tema de los entornos que favorecen o desfavorecen la creatividad, y les gustó porque en esto quizá si tengamos un poco de control. Es algo así como poner todos los ingredientes sobre la mesa según la receta y seguirla al pie de la letra, tampoco garantiza que el pastel nos quede de concurso porque hay otros factores en juego, pero da cierta tranquilidad al proceso. En el caso de la creatividad me ha tocado ver y experimentar que, por ejemplo, un entorno motivador es uno donde haya un poco o un mucho de: hambre (hay que desear las cosas), cerebro (tener la mente fría y bien alimentada de información para tomar las mejores decisiones), pasión (enamorarse de la buena), huevos (muchos huevos), hígado (por aquello de la paciencia, estamos en un maratón, no en un arrancón de 100 metros), humor (para relajarte y llenar tu cuerpo de endorfina), libertad (las reglas se hicieron para romperse), y locura (de esa calculada y audaz que te puede llevar a la punta del Everest). Por el contrario, un ambiente desfavorable tendría que ser (en teoría) todo lo contrario a lo anterior, sin embargo, muchas veces las situaciones de mayor estrés despiertan a fuerza nuestra creatividad porque quizá lo que está en juego es de vida o muerte. Por eso no creo mucho en esos refranes que dicen, por ejemplo, que la ociosidad es la madre de todos los vicios porque, qué tal que la ociosidad (o buscarla) nos empuja a hacer las cosas más rápido, fácil y barato para tener más de ese tiempo de ocio.

Y entonces, ¿dónde están las buenas ideas?, en todas partes, esa es la buena noticia. La mala es que no todos, ni siempre, estamos en condiciones de verlas, atraparlas y desarrollarlas, aunque todos tenemos el potencial de hacerlo. Para no dejarte con las manos vacías, aquí van dos sugerencias efectivas; la primera, presta atención a las quejas de la gente (incluido tú) y pregúntate: “¿Qué pasaría si…?”; y la segunda, observa los paradigmas que te rodean e imagina que los rompes o los cambias o los desapareces para reconfigurar tu mundo…, ¿cómo quedaría?

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Diseñador, aprendiz de emprendedor, caricaturista en formación, papá de tres maravillosas personas, esposo de una mujer extraordinaria, amante de los árboles, Iniciador de hueso colorado y un apasionado de la innovación. Aspira a que sus vivencias y opiniones ayuden a otros como él andan en el camino emprendedor buscando un estilo de vida que los haga felices, transcendentes y millonarios.