Seamos honestos: el día tiene 24 horas y se supone que 8 de ellas son para descansar, debemos trabajar durante otras 8 horas y nos quedan otras 8 para alimentarnos, asearnos, convivir con la familia y los amigos, y esparcirnos un poco (a fin de conservar la sanidad mental). Eso, sin contar el tiempo para transportarnos de un lugar a otro, hacer la despensa o llevar el coche al taller, entre muchas otras cosas que llenan nuestra lista de actividades diarias.

En lo que a trabajo concierne, para mucha gente parece no ser suficiente una jornada de 8 horas para terminar con todos los pendientes laborales y muchas veces es necesario quedarse unas cuantas horas extras a la semana o bien, trabajando tiempo adicional en casa. ¿Cómo resolvemos esto? Tenemos dos opciones: agregar más horas a la jornada laboral (que es lo que la mayoría hace) o llevar a cabo más tareas laborales en menos tiempo (que es lo que llamamos “aumento de productividad”).

Obviamente, la adecuada organización del tiempo y las actividades juega un papel clave en el rendimiento laboral, pero para muchos, esta organización, así como su capacidad de concentración, se dificulta debido al entorno de trabajo: pierden tiempo buscando papeles, deben moverse de un lado a otro de la oficina para sacar copias o ir a buscar un documento que imprimieron, necesitan levantarse varias veces para estirarse un poco e incluso necesitan cambiarse de sala para poder leer un documento sin estarse haciendo sombra con la cabeza. ¿Qué hacer en estos casos, sobre todo si a la empresa le está costando en horas extras o incluso en incapacidades por migrañas, dolores posturales u otras afecciones que cubren un amplio espectro médico-laboral?

Tu palabra clave: Ecoeficiencia

La ecoeficiencia, en palabras que cualquier emprendedor va a amar, se refiere básicamente a la reducción de impactos ambientales que se traduce en un incremento en la productividad y ayuda a crear una ventaja competitiva. Sí, leyeron bien, ¡la ecología está metida en el asunto!

A través de la aplicación de medidas de ecoeficiencia se logra:

  • Una reducción en los materiales necesarios
  • Una reducción en el uso de energía
  • Una reducción en la producción y dispersión de materiales contaminantes
  • Un mejor uso de los recursos renovables
  • Mejor rendimiento de los insumos necesarios para el trabajo
  • Un aumento notorio de la productividad dentro de la empresa

Aplicando la ecoeficiencia en el espacio de trabajo

A continuación, compartimos contigo 5 tips infalibles para mejorar el espacio de trabajo y aumentar la productividad laboral:

  1. Aprovechar la luz natural. Los beneficios de la luz natural son numerosos, pero los que más nos interesan son que permiten una mejor visibilidad, dañan menos la visión, beneficia a la salud y favorece la seguridad. Es importante entonces no obstruir las ventanas del espacio de trabajo con muebles o plantas, colocar el escritorio cerca de la ventana, de manera que permita una vista hacia el exterior pero cuidando que la intensidad no perjudique la lectura, y procurar que la iluminación provenga del lado contrario al de la mano con la que la persona escribe, es decir, para un zurdo la ventana deberá estar a la derecha, mientras que para un diestro deberá estar a la izquierda.
  2. Evitar los amontonamientos de papel o cualquier otro objeto. Esta regla aplica tanto a los escritorios como a los estantes, archiveros y demás superficies en la oficina, incluido el piso. El tener que rodear cajas para ir de un lado a otro, tener que levantar pilas de documentos para encontrar un lápiz o el teléfono o no poder echar la silla para atrás porque se topa con un cajón atiborrado que no cierra debido al exceso de contenido son detalles que no sólo incomodan, sino que además quitan tiempo y producen estrés, reduciendo la productividad. Reducir el uso de papel ya sea evitando imprimir documentos innecesarios, imprimiendo por ambas caras o reutilizando el papel para hacer blocks de notas, ayudará mucho en este sentido. Digitalizar y guardar en la nube es mucho más práctico que imprimir y archivar en un mueble.
  3. Aprovechar la ventilación natural. Hoy en día nos hemos acostumbrado tanto al aire acondicionado, sobre todo en tierras cálidas, que ya no concebimos trabajar sin él. Sin embargo, es posible hacerlo cuando la ventilación es la adecuada. Abrir puertas y ventanas en una oficina ayuda al aire a circular libremente, evitando el aire viciado, y un ventilador que permita el movimiento del aire en la habitación ayudará a refrescar lo suficiente, siempre y cuando no esté dirigido directamente hacia las superficies de los escritorios para evitar que vuele documentos importantes.
  4. Decorar con plantas. Más que un elemento decorativo, las plantas dan una sensación de frescura y ayudan a reducir el estrés, haciendo más agradable el espacio de trabajo. Siempre es mejor una planta en maceta que un florero con una rosa, por ejemplo. Las plantas acuáticas en jarrones transparentes con peces dentro están muy de moda, pero es necesario considerar que requieren de limpieza constante y representan un riesgo para documentos y equipos de trabajo si llegan a voltearse por accidente. Una planta discreta en una esquina del escritorio y algunas plantas grandes para separar visualmente los espacios de trabajo son la mejor opción.
  5. Preferir las bebidas naturales a las bebidas embotelladas. Suena a cliché, pero nada más cierto. Un cerebro bien hidratado funciona mejor y más rápido. Las bebidas embotelladas, desde las sodas hasta las bebidas energizantes, aún las bebidas saborizadas a café o a té, contienen una gran cantidad de químicos y azúcar que lo único que logran es estimularnos, mas no hidratarnos. El agua simple, el café de grano, el té de hoja y las aguas frescas hechas en casa son siempre una opción más sana y que aportan mayores beneficios. Además, si se evita el uso de vasos y recipientes desechables, mucho mejor.

Los resultados

Hemos hablado ya de algunas de las muchas medidas de ecoeficiencia que se pueden adoptar en el centro de trabajo, pero no podemos concluir sin antes avanzar algunos resultados que no tardarán en ser observados:

  • Una buena iluminación permite leer y escribir más rápido y con menos errores, reduciendo significativamente la cantidad de tiempo invertido en las revisiones de documentos.
  • Un orden adecuado permite encontrar todo fácilmente y los espacios amplios dan la sensación de libertad, permitiendo concentrarse mejor, evitando perder tiempo buscando cosas, reduciendo los niveles de estrés.
  • Un espacio bien iluminado y ventilado reduce significativamente el estrés, limpia mejor el ambiente y permite respirar adecuadamente, favoreciendo una correcta oxigenación en la sangre y en el cerebro.
  • Las plantas (y la responsabilidad de cuidarlas) no sólo embellecen el espacio, sino que promueven la relajación por sus efectos calmantes, favoreciendo la creatividad, la concentración y el razonamiento adecuado.
  • Una hidratación correcta contribuye a una buena actividad cerebral, mejorando el rendimiento físico y mental. Además, reduce las distracciones ya que evita las idas frecuentes al baño (provocadas en gran parte no por el consumo de líquidos sino por la concentración de azúcares).

Y por si fuera poco, al aplicar estos simples principios, se reduce el consumo de energía eléctrica, de insumos de oficina y otros servicios, reduciendo costos al mismo tiempo que se incrementa la productividad. Parece que, después de todo, la ecología resulta mucho más benéfica de lo que se esperaba, ¿no?

 

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Consultora ambiental internacional, prestando sus servicios en sostenibilidad ambiental, formación de personal y mitigación de impactos ambientales a distintas instituciones académicas, públicas y privadas de México, Costa Rica, Taiwán, Estados Unidos, Francia, Noruega y Gabón, entre otros. Licenciada en biología, con maestría en biología marina, especializada en ecología.